martes, 18 de agosto de 2026

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San Alfonso: padres crearon una escuelita de fútbol

Familias de San Alfonso, Fracrán, crearon una escuelita de fútbol gratuita para alejar a niños y niñas de las pantallas y fortalecer la convivencia.

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Ilustración en estilo linograbado de chicos practicando fútbol acompañados por sus familias en San Alfonso, Fracrán
Ilustración editorial generada con inteligencia artificial.

En San Alfonso, Fracrán, un grupo de padres convirtió una preocupación compartida en una propuesta concreta: creó una escuelita de fútbol gratuita para que chicos y chicas vuelvan a jugar, se encuentren con otros y pasen menos tiempo frente al celular, el televisor o la computadora.

La iniciativa lleva entre dos y tres semanas de actividad y funciona en el playón ubicado junto al Salón San Alfonso, en el kilómetro 1008. Sus impulsores, Oscar Soares y Ariel Rotger, la presentan como un espacio recreativo creado por familias, sin cuota mensual ni finalidad política.

La preocupación de las familias coincide con las recomendaciones generales de salud pública. Para las edades de 5 a 17 años, el Ministerio de Salud de la Nación aconseja un promedio de al menos 60 minutos diarios de actividad física moderada a intensa y limitar el tiempo recreativo frente a pantallas. La Organización Mundial de la Salud sostiene la misma referencia de actividad diaria. La escuelita no se presenta como un programa sanitario, sino como una respuesta comunitaria y voluntaria.

Una preocupación que nació al costado de la cancha

La idea apareció durante una jornada en la que Soares y otros padres estaban jugando al fútbol. Mientras los adultos ocupaban la cancha, observaron que sus hijos preferían permanecer con el teléfono en la mano en lugar de sumarse al juego.

“Vimos que esta generación está perdiendo las costumbres con las que fuimos criados, y todo por una pantalla. Muchas veces no se dan cuenta de que la vida pasa tan de prisa que no aprovecharon su niñez”, explicó Soares a Fracrán Noticias.

Soares, padre de dos varones, comenzó comprando pelotas para jugar con ellos. Después compartió la preocupación con Rotger y otras familias. La respuesta fue creciendo: madres y padres empezaron a acercarse para preguntar cómo incorporar a sus hijos y a acompañar las prácticas con sus silletas y botellas de agua.

La participación es voluntaria y no existe una inscripción convencional. La organización completa una planilla para conocer si cada niño tiene algún problema de salud o impedimento. Además, ningún menor puede quedarse solo: durante toda la actividad debe permanecer presente al menos uno de sus padres o un adulto responsable.

Días y horarios de las prácticas

Los grupos fueron separados por edades para adaptar los ejercicios. El cronograma difundido por la escuelita establece:

  • Lunes a las 17:15: edades de 5 y 6 años, y de 7 a 9 años.
  • Martes a las 17:15: edades de 10 y 11 años.
  • Jueves a las 17:15: edades de 12 a 14 años.

Las prácticas se suspenden cuando el tiempo no permite realizar actividades al aire libre. Esos cambios se comunican mediante un grupo cerrado de WhatsApp integrado por las familias participantes.

Flyer con los días, horarios, edades y lugar de entrenamiento de la Escuelita de Fútbol San Alfonso.
Flyer con los días, horarios, edades y lugar de entrenamiento de la Escuelita de Fútbol San Alfonso.

Aprender a jugar y convivir

Rotger acompaña a Soares durante las prácticas y ayuda a dividir a los participantes en grupos. Las actividades incluyen entrada en calor y ejercicios sencillos, como controlar la pelota, ubicar a un compañero y realizar pases. También se hacen pausas para descansar e hidratarse.

“La actividad es para todo aquel que quiera disfrutar, hacer amistad y crecer. Como empezamos hace poco, vamos creciendo y aprendiendo junto a los chicos”, señaló Rotger.

El objetivo no es preparar a los niños para una competencia de alto rendimiento, sino ofrecer una actividad en la que todos puedan participar, sin importar su experiencia previa. La presencia de las familias también busca darles confianza a los más pequeños y acompañar su integración al grupo.

La escuelita comenzó con pelotas usadas y elementos improvisados, aportados por sus propios impulsores. Con el crecimiento de la convocatoria, varias familias ya ofrecieron colaborar si en el futuro hacen falta más materiales.

“Muchos no creen que uno empezó con una bolsa y trapo”, recordó Rotger. “Esto lo creamos los padres para los chicos, para sus sueños e ilusiones, y eso no se negocia”.

Según Soares, el primer resultado aparece fuera de la cancha: los chicos piden volver a entrenar y algunos regresan a la semana siguiente acompañados por un nuevo compañero.

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